La cena en la oscuridad, un viaje hacia la luz interior
Habité la ceguera de él. Por elección, decidí habitar en el mundo oscuro de un ciego.
La experiencia se llamó "Cena en la Oscuridad", donde el negro intenso fue el protagonista del evento, con la melodía y voz de Sué como guía auditiva en esa profunda oscuridad.
Nos vendaron los ojos; no vi nada. Sentí miedo al escuchar: "Pasaremos a tu lugar en la mesa". Sin ver, confiando en mi guía, seguí los pasos y la dirección de un guía externo a mí, en total vulnerabilidad cediéndole el poder a ella de llevarme a donde ella decidiera.
Toqué un hombro extraño para sentir la dirección de su cuerpo muy de cerca, buscando seguridad para llegar a mi silla.
Me senté, sin ver, sin celular, sin tiempo. En la oscuridad, el tiempo se vive detenido; se pierde el ritmo de su andar.
Mi compañero de cena, un respetuoso caballero se acerco a mi con una proximidad inusual, para brindarme seguridad a través del tacto; mi oído agudo y atento a su voz me permitía escucharlo entre el murmullo de los demás comensales, y mi olfato reconocía nuevamente su olor.
Todos los sentidos estaban alerta, mientras mis ojos se fundían en la profunda oscuridad, descansando de las imágenes.
El mesero llegó a servirme mi bebida; me pidió que tocara la mesa para ubicarme y pensé: "¿Hace cuánto tiempo no me toco para ubicarme en mí?". Mi tacto creaba un mapa del territorio.
Iniciamos con los alimentos, sin verlos, sin saber qué eran, sin ninguna decisión previa sobre lo que íbamos a comer: una sorpresa en mi plato, sin ojos para abrir el apetito.
Tocar texturas, oler de cerca, probar poco a poco, casi tan sensual como hacer el amor.
Y comenzó el diálogo de Sué, un hombre que, en un accidente automovilístico a sus 12 años, perdió mucho, entre ello, su vista, después de más de 30 cirugías para que no le arrebataran también la vida.
¿Y si hoy todo cambia? ¿Si todo se derrumba y el mundo conocido se oscurece?
¿Te puedes imaginar el miedo de vivir en la oscuridad, en una eterna sensación de soledad y tiempo detenido? Así imaginaba yo a mi niña interior, herida, asustada, sola, en total oscuridad, reviviendo sus historias una y otra vez, en ese tiempo en infinita pausa.
Y de pronto escuché: "Ya se pueden quitar los antifaces, la luz regresó y la oscuridad se fue". ¡Y pude ver a Sué, un hombre que, en total oscuridad, encontró su camino, mientras yo tantas veces me he perdido en la luz!
Ahí comprendí lo afortunada que soy al tener la opción de decidir si mi niña interior y yo habitamos en el mundo de la oscuridad o en el mundo de la luz.
Todo es una decisión. Ese es mi mayor aprendizaje de Sue: que, en esa oscuridad, sin opción a la luz, decidió vivir, ser feliz y dedicarse al servicio de inspirar corazones, llegando profundo para transformar almas con su testimonio de vida.
Y en un momento viendo a Sué de frente, con su piel quemada con sus ojos ciegos, me dio una lección de vida diciendo: Cuando te den ganas de rendirte, piensa en mi, yo no me rendi.
Gracias, Sué, por la luz que pusiste en mi corazón durante esa cena en la oscuridad.
Puedes encontrar a Sué en instagram como @sueaguayooficial